10 RAZONES PARA EDUCAR A NUESTROS HIJOS A SER AGRADECIDOS

Quiero haceros aquí una propuesta, mamás y papás. Una propuesta preciosa. Enseñar a vuestros hijos, de manera más intencional y consciente a dar las GRACIAS.

Sí, fijaros qué cosa tan sencilla, y sin embargo son maravillosos los resultados de practicar la GRATITUD.

Quiero compartir con vosotros los cambios internos que se pueden conseguir con este gesto, en nosotros mismos y en las relaciones en nuestro hogar.

Soy una férrea defensora de la Educación en Valores, no sólo en el colegio, sobre todo en la propia familia. Después de las sesiones con padres y madres que acuden a consulta preocupados por algún aspecto de su pequeño o su adolescente, casi siempre llegamos juntos a esta pregunta: ¿qué valor podemos practicar en casa para ayudarnos a salir de esta situación?

Si existe algún valor que puede, desde mi punto de vista, ayudar a mejorar las relaciones en casa y en nuestro entorno, a abrir los cauces de comunicación con nuestros hijos,  a ayudarles a crecer felices  y a construir un ambiente positivo para nuestro crecimiento personal, ese es precisamente este del que os hablo ahora: la GRATITUD.

Dar las gracias o realizar algún gesto de agradecimiento, material o no, de la manera más sincera posible, con una sonrisa, una mirada directa a los ojos, sintiendo de verdad el gesto, crea en los demás y en ti mismo una emoción auténtica, que te llena de paz y de plenitud.

En no pocas ocasiones oiga a padres decepcionados por sus hijos, sobre todo adolescentes, al mostrarse éstos desencantados de la vida, aburridos, apáticos, sin energía…, exigentes…y desagradecidos.

Frases como: “no agradecen nada de lo que tienen…”, “no están contestos con nada…”, es algo común en la consulta.

Dar las gracias o sentir gratitud no es algo muy común en los chicos y eso nos debería hacernos pensar. Basta con observar, ya cuando son pequeños, cómo en los cumpleaños reciben los regalos sentados en su trono con su preciosa corona de rey o reina: abren los presentes de sus amiguitos apresuradamente, miran lo que hay debajo del papel y luego se lo dan a su madre para continuar con el siguiente regalo. Ni una mirada ni gesto de agradecimiento a su amiguito que está en frente mirándolo emocionado, porque espera que su regalo guste, porque ha empleado su tiempo (más el dinero de sus padres) en pensar en él o ella, en lo que le gustaría, en mirar en la tienda una y otra vez, en decidir, en envolverlo,… Tristemente, todo eso no lo aprecia el “monarca cumpleañero” del día… ni nadie, ni siquiera nosotros.

Van creciendo con el convencimiento de que todo lo que reciben es inevitable, natural, incuestionable. No conocen el esfuerzo de los demás al brindarles algo, ¡hasta el conductor que se para en un paso peatonal se ha esforzado!, podría haber pasado de largo (muy habitual, por cierto), pero se ha comprometido también con un valor, y lo ha aplicado en ese momento con nosotros. Y tú te has beneficiado de ello. ¿Qué trabajo cuesta darle las gracias por su amabilidad mientras avanzas hacia la otra acera?

¿Cómo educar a nuestros niños en el valor de la GRATITUD?

Como ocurre con todo, no se trata de pedirles que sean agradecidos, exigirles que den las gracias o explicarles en una conversación en el coche o en el sofá que tienen muchas cosas y que deberían sentirse afortunados por ello. Ya sabemos a dónde nos lleva todo esto: a resoplidos, a miradas perdidas en el infinito dando a entender que no les interesa lo que decimos, a discusiones y a una sensación de que nuestro esfuerzo por educar no sirve para nada.

Como siempre, el único camino es nuestro ejemplo diario, nuestras acciones, viviendo este valor en nosotros, comprometiéndonos con ello de verdad y experimentando en nuestro propio interior cómo nos beneficia sentirnos agradecidos. Y si además, le contamos a nuestros hijos todo ello, cómo la tendera del supermercado nos ha sonreído e, incluso, nos ha atendido mejor ante nuestro gesto de agradecimiento, cómo la abuela se ha emocionado cuando le hemos agradecido su ayuda o, incluso, lo afortunados que nos sentimos al terminar el día por haber podido ejercer nuestro trabajo… eso a la larga sí tiene efecto en nuestros chicos y chicas.

Cuando empecé a practicar todo esto de manera más consciente, lo hice con las maestras de mis hijas, con el administrativo que me atendía en el mostrador de Urgencias, con el conductor del coche que paraba en un paso peatonal,… Y, por supuesto, sabiendo que mis pequeñas, de 3 y 5 años me estaban observando en cada momento. ¡Qué maravilloso ese instante en el que los ojitos de mis hijas te miran con curiosidad, primero a ti y luego a la persona que recibe vuestro agradecimiento, captando el momento, registrándolo en sus retinas, y en sus corazones…!

Luego fui un poquito más allá y continué haciendo llamadas a alguna persona de mi entorno para agradecerle algo concreto que hubiera recibido recientemente de ella, no sólo material, sino algún gesto que hubiera tenido conmigo o con mi familia. En estas ocasiones intento que mis hijas participen en esa conversación.

Después comenzamos a hacer pequeños regalos a personas de las que habíamos recibido algún favor: una visita con pastas o con una caja de fresas, un dibujo bonito de mis hijas con alguna frase de agradecimiento o, simplemente, ofreciendo nuestro tiempo para escuchar, cuidar el hijo de alguna amiga, o invitar a comer.

Y por último, ahora hemos integrado en nuestra práctica diaria el conversar sobre la gratitud antes de irnos a la cama. Les pregunto a mis hijas, “¿a quién habría que dar las gracias hoy?” Al principio no sabían qué responderme, pero están interiorizando poco a poco el significado. Agradecen a su tía el haberles cuidado hoy mientras sus papás estábamos trabajando, a la visita que hemos tenido en casa, a sus maestras por las cosas que les enseñan día a día (y yo añado: “…con cariño y paciencia…”), incluso un día le dieron las gracias al perro de su tío por jugar con ellas en el pasillo de casa de los abuelos.

El sentimiento es maravilloso. Al acabar el día nos damos cuenta de nuestra suerte, nos adentramos en el sueño con sensación de abundancia, plenitud y paz.

Pero no sólo eso, las reacciones de las personas a las que mostramos nuestra gratitud, casi sin que lo esperen, tampoco es para desperdiciar. Se genera en el ambiente algo mágico que te hace sentir que todos estamos conectados, que todos nos necesitamos mutuamente, que tenemos el poder de generar en el otro una sonrisa o, incluso, le podemos alegrar el día con ese gesto.

¿Para qué enseñarles a los niños a ser agradecidos?

Educar en la GRATITUD a nuestros hijos puede ser altamente beneficioso por los siguientes motivos:

  1. Les ayudamos a ser más conscientes de todo lo que tienen y que podrían no tener. Nuestros hijos suelen crecer con la idea de que todo lo que reciben es inevitable, forma parte de lo que “debe ser”, no lo cuestionan y, además, piensan que no requiere ningún esfuerzo por parte de nadie. Sin embargo, con la GRATITUD, se les enseña que lo que reciben podrían dejar de tenerlo algún día y que el esfuerzo que hay detrás de todo lo que tienen, en algún momento ellos deberán realizarlo.
  2. Al dar las gracias por lo que reciben, no sólo material, sino atenciones, les hace ver el esfuerzo que hay detrás de todo y les educamos en el valor del trabajo y la constancia.
  3. Si enseñamos desde pequeños, esta idea, la de que en algún momento algo valioso para nosotros lo podemos perder, que no es “natural” de por sí disfrutarlo, les ayudaremos a ser conscientes del valor de todo lo que reciben y a superar la frustración cuando no reciben lo que quieren. Les ayudaremos a ser agradecidos por haberlo disfrutado en su momento y a esforzarse por conseguir de nuevo algo parecido, si se pudiera.
  4. El sentir gratitud es muy positivo, les pone en el camino para sentirse diariamente mejor con su vida, con su entorno, al saberse afortunados. Es uno de los sentimientos más nobles y nos aporta confianza en la vida.
  5. Al valorar lo que recibimos de las personas que nos rodean, conocidas o no, evitamos que nuestros hijos crezcan en el individualismo, y les impulsa a interiorizar que todos nos necesitamos a todos, lo que genera una sensación de colectividad que nos hace sentir más ricos. El individualismo pone a los chicos en una situación de “vacío”, además de todo lo que genera en conductas y habilidades sociales pobres y poco efectivas para su desarrollo.
  6. El agradecimiento, no sólo con palabras, sino con hechos, también les enseña el valor de la contribución, del compromiso y de la responsabilidad con los demás: “si recibo algo, tengo la responsabilidad de corresponder, aunque sea en otro momento y a personas distintas, pues hay que seguir la cadena”.
  7. El agradecer con un gesto, material o no, también les hace sentir más valiosos, porque tienen algo que dar, y les ayudamos a superar la falsa idea de que son sólo máquinas de recibir. Se desarrolla el sentimiento tan positivo de empatía, de solidaridad y de valía personal.
  8. Los niños agradecidos se relacionan mejor con los demás, desarrollan amistades de calidad y habilidades sociales muy útiles para su futuro, su vida afectiva y profesional
  9. Ayudan en la motivación en los estudios: el psicólogo e investigador J. Alonso Tapia, asegura que una de las motivaciones que empujan a los chicos a los que les gusta aprender en el colegio y tienen un buen rendimiento académico, son aquellos que se ven el futuro ejerciendo una profesión útil para los demás (“Motivar en la escuela, motivar en la familia”, Ed. Morata, 2005)
  10. Serán chicos más amables, de agradable trato, con los que a todo el mundo les gusta estar, más felices y exitosos en lo que hace, porque valoran el esfuerzo, saben pedir ayuda y agradecerla.

 

Por última, compartir con vosotros el siguiente proverbio chino:

“Cuando uno bebe agua del pozo, hay que agradecerlo a aquellos que lo cavaron”.

 

 

2 pensamientos sobre “10 RAZONES PARA EDUCAR A NUESTROS HIJOS A SER AGRADECIDOS

  1. Inmaculada Belen

    Maravilloso, comparto contigo en educar en la más absoluta humildad y gratitud posible, no hagamos niños exigentes y frutados en esta vida lo mas bonito es crecer con eso mismo con vida y no con cosas materiales que en cualquier momento las pierdes hablo con experiencia, lo bueno es que me he dado cuenta y lo puedo decir alto y claro que las personas no se clasifican por marcas….. sino por hechos.Mil gracias por compartir conmigo

    1. pedagogiaparacrecer Autor

      Hola Inma, me alegro que hayas participado. Tú has dicho una palabra clave, “humildad”. ¿Por qué será que no nos gusta hoy esta palabra? Me has hecho pensar sobre ello, muchas gracias, no se me había ocurrido emplear este término. ¿Por qué pensamos que es mejor educar en la competitividad, en la “altivez”? Ahí dejo la reflexión.
      Un abrazo enorme a ti y a tus hijos.

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