ACTITUDES Y HÁBITOS FAMILIARES QUE AYUDAN A MOTIVAR A LOS HIJOS A ESTUDIAR

Niños motivados

En el artículo anterior vimos que es importante asumir que los deberes son en sí mismos, sin tener en cuenta los contenidos que se trabajan, una fuente de aprendizaje para nuestros hijos, ya que son la primera responsabilidad que van a aprender a asumir.

A través de ellos van a poder desarrollar habilidades internas básicas para su vida, como la resolución de problemas, la organización, la capacidad de esfuerzo, la superación de dificultades, el gusto por aprender cosas nuevas … todas ellas fundamentales para generar una “verdadera” autoestima. Pero para ello, los padres y madres debemos procurar ejercer un rol de “ayudadores” más que de “salvadores”, con el fin de que nuestros peques y adolescentes extraigan de estas experiencias escolares las verdaderas enseñanzas de la vida.

Detrás de esas tardes maratonianas de estudio, en las que los chicos deben, incluso a veces, volver a su escritorio después de la cena, en las que los padres, desesperados, acaban siendo profesores a la fuerza y, a veces, por tal de acabar, acaban terminando algún que otro ejercicio de lengua o mates… detrás de todo eso suele haber un niño totalmente desmotivado para realizar un esfuerzo real sobre lo que debe hacer. Sus desganas le generan una apatía tal que pone en “off” cualquier impulso interno para pensar paso a paso en lo que tiene que hacer, para memorizar, para mantener la atención y para corregir lo que ha hecho.  Esa falta de energía la tiene que aportar la mamá o el papá, “empujando” a la tarea, con regañinas y malas caras.

Por tanto, la MOTIVACIÓN, debe ser el primer paso que debe generarse en nuestros peques y jóvenes para empezar a afrontar ellos solos el estudio.

En este artículo nos centraremos en las ACTITUDES y HÁBITOS (¡ojo!, no digo “MEDIDAS”), que debemos desarrollar en nuestros hogares para que nuestras hijas e hijos aprendan a ser autosuficientes con las tareas escolares, para empezar a superar nuestro rol de “salvadores” y comenzar a asumir el de padres “impulsadores”, “inspiradores”.

Las 3 actitudes y hábitos se basan en la misma premisa: MENOS SERMONES Y MÁS EJEMPLO

Actitud 1: ABANDONAR NUESTRA PROPIA APATÍA Y NUESTRAS QUEJAS

SI QUEREMOS MOTIVAR A NUESTROS HIJOS A AFRONTAR TAREAS QUE NO SIEMPRE SON DIVERTIDAS, PERO NECESARIAS, DEBEMOS SER LOS PRIMEROS CAPACES DE AUTOMOTIVARNOS.

Y yo te pregunto… ¿cómo afrontas las tareas del hogar, el trabajo, las rutinas diarias en general? ¿Suele ser la queja una de tus costumbres? o, por el contrario, afrontas con determinación y energía lo que tengas que hacer, premiándote luego.

Muchas veces  expresamos en voz alta nuestros propios diálogos internos y nuestros hijos se empapan de ellos, aprendiendo  nuestras actitudes y formas de afrontar la vida.  ¿Cuántas veces te habrás quejado, sentado en el sofá, de que mañana es lunes y tienes que ir a trabajar?

El lunes también empieza tu hijo el cole… ¿también es entonces un fastidio? Puede que al menos eso esté captando.

En vez de ello, podríamos comenzar a cambiar nuestra forma de hablar sobre las responsabilidades y tareas diarias, por muy pesadas que sean: los padres que se muestran entusiastas, que afrontan con energía el trabajo, sea cual sea y que además, se felicitan ellos mismos por haberlo finalizado, estarán siendo ejemplo para sus hijos de superación y autodisciplina.

Por ejemplo, si hay que dedicar una tarde de domingo a lavar el coche, en vez de quejarnos y afrontarlo con desgana, podemos “remangarnos”, coger un cubo para ti y tu peque y empezar a hacerlo con energía. Después, chocarse las manos para felicitaros por el trabajo bien hecho, reconociendo que todo esfuerzo tiene una recompensa (la limpieza y el confort, en este caso) y, luego, ir a tomar un helado juntos.

“Mañana es lunes, me acostaré temprano para empezar el día con energía y hacerlo bien”, es mejor que la queja típica de lo fastidioso que es empezar la semana. Al menos eso servirá para que tu hijo afronte con igual actitud el cole.

Dejemos de sentar a nuestros hijos en el sofá para soltarles toda una lista de cosas que tienen que cambiar y empecemos por cambiar nosotros mismos. Empecemos a CRECER CON ELLOS.

Actitud 2: GENERAR UNA VISIÓN POSITIVAS  HACIA LA ESCUELA Y HACIA LOS ESTUDIOS

En muchas casas, sobre todo cuando hay fracaso escolar, las conversaciones que se tienen sobre el  estudio siempre van dirigidas a presionar, a amenazar o a corregir al chico o chica. Todo lo relacionado con la escuela y los deberes y exámenes es percibido entonces por éstos como algo pesado y fastidios, ajeno totalmente a sus intereses, fuente de todos sus problemas y frustraciones. De esta forma sólo se consigue reproducir el problema.

Si desde los primeros años de escolarización, la escuela y los deberes son un tema de conversación más sobre el cual se pregunta también al niño acerca de sus preferencias y gustos (“¿qué asignatura te gusta más?, ¿cuáles son tus mejores amigos?, ¿qué has aprendido hoy?…”), se puede generar una visión más positiva también hacia los problemas que se puedan ir presentando en relación a ella.

Los padres que se quejan expresamente de la inutilidad de los deberes, de la incompetencia de los profesores, de lo mal que funciona el sistema educativo…, no pueden pretender que sus hijos se sientan entusiasmados en su escritorio a estudiar.

Por el contrario, si se mantienen relaciones periódicas y positivas con el profesorado, si los padres y madres participan activamente en las actividades de la escuela, si se visita en familia la biblioteca y se expresan mensajes positivos sobre los temas que tienen que estudiar que tiene que estudiar (“¡me encanta todo lo relacionado con el espacio!, ¿tienes que estudiar los planetas?, ¡déjame que vea las fotos de tu libro…!”), pueden tener más posibilidades de ayudar a su hijo a afrontar con más optimismo sus propias responsabilidades.

Por último, hay madres y padres que constantemente se están formando para mejorar en sus trabajos o aprender habilidades nuevas, generando en sus hijos el mejor ejemplo de superación y motivación para aprender. El aprendizaje para toda la vida es fuente de crecimiento personal para ti y los tuyos.

Actitud 3: LA REGLA DE ORO DE SIEMPRE: “SI YO LEO… TÚ LEES”·

Ya comentamos en el artículo anterior que una de las causas de la excesiva dependencia para  hacer los deberes es la falta de comprensión lectora que presentan muchos escolares.

Seguramente más de una vez habrás comprobado, desesperado y exhausto, que tu hijo se aprende de memoria, “al pie de la letra”, el texto para un examen, sin entender lo que está memorizando. Después viene el suspenso, porque la pregunta que le han formulado en el examen no correspondía con el epígrafe, “al pie de la letra” del texto.

Esto se debe, en parte (y suponiendo que no existe alguna dificultad específica de aprendizaje), a que los niños y niñas dedican muy pocas horas a la lectura, no más allá  de los libros obligatorios que se encargan en la escuela. Aunque nos solemos quejar de ello, en muchos hogares ni siquiera hay libros a la vista porque no existe el hábito por parte de nadie en casa.

¿Cuándo fue la última vez que leíste un libro, periódico o revista? ¿Te ve tu peque leer de vez en cuando?

Una vez más, es el ejemplo lo que sirve de impulso para el cambio. Si quieres que lean, LEE. Puedes buscar mil excusas, pero seguro que guardando de vez en cuando el mando de la tele te ayudará, y a tu hijo sobre todo.

El gusto por la lectura se genera con el ejemplo. Además, es importante que tu hijo lea cuentos y libros porque les ayuda a aprender nuevas palabras y su significado, para aumentar su vocabulario, que es la base para comprender lo que se lee.

Cómprale un diccionario para que por sí mismo busque el significado de las palabras que no entiende o anímale a buscarlas en Internet, no se lo facilites tú mismo de antemano, sin pedirle antes un esfuerzo por su parte.

Actitud 4: COMUNICACIÓN BASADA EN LA CONFIANZA Y EL CARIÑO.

Aunque esto lo desarrollaremos en el siguiente capítulo, adelantamos aquí que la excesiva dependencia y la falta de esfuerzo y concentración de tu hijo e hija, las tardes interminables de deberes, pueden ser una situación a superar desde el crecimiento de toda la familia.

Sentaros en la mesa, con tu hijo, para buscar soluciones conjuntas. Escuchad a vuestro chico, preguntadle qué necesita por vuestra parte para mejorar. Quizá os sorprenda pidiéndoos más tranquilidad en casa, menos estrés, menos actividades extraescolares, menos discusiones, más caras sonrientes por vuestra parte, más ánimos y recompensas verbales (no sólo materiales), más tiempo juntos…

Empezad a acordar las medidas que vais a tomar (hablar con el colegio, visitar a algún profesional para descartar alguna dificultad de aprendizaje, establecer un horario de estudio, cambiar el dormitorio, acordar las recompensas…) teniendo en cuenta las opiniones de vuestro hijo y seguid CRECIENDO JUNTO.

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