Mi hija está enamorada: pautas para ayudar fomentar la amistad entre niñas y niños desde la igualdad

fotos-de-besos-de-ninosHace un tiempo me encontré a una amiga que tiene una niña de 10 años. Me contaba, un poco preocupada, que su hija dice estar enamorada de un amigo suyo, su mejor amigo, con el que pasa mucho tiempo jugando, en el cole y en su casa. Además, expresa sin tapujos que su mayor deseo es casarse con su “amigo-novio” y siente celos de cualquier otra niña que quiera compartir con su “amado” los juegos.

Supongo que a muchas madres y padres, sobre todo de niñas, os sonará esto.
En un principio, no tendría que preocupar a nadie, de hecho, podría ser más bien motivo de risas tiernas a modo de “ooooh…., qué gracia la niña…”.
Pero lo que más preocupaba a su madre, creo recordar, es cómo podría estar afectando esto a la autoestima de su hija, sobre todo porque ésta se siente mal cuando no se ve correspondida, cuando él comparte su tiempo con otros niños y especialmente con otras niñas. Además, comienza a preocuparse por su aspecto físico, preguntando a los demás si la ven guapa y dudando de su belleza cuando su “niño amado” no le presta la atención que ella le demanda.

Esta conversación me hizo recordar cómo eran las relaciones entra las niñas y los niños cuando yo iba al cole, nos “chinchábamos” unos a otros atribuyéndonos mutuamente “amados” y “amadas”: que si Miguel quiere a María, que si Natalia quiere a Rubén… Además, cantábamos estas frases, con cierta musicalidad maliciosa, para avergonzarnos los unos a los otros, pues cuando nos sentíamos aludidos, cierto calor incómodo en las mejillas nos daba cuenta de que algo de cierto tenía la cancioncilla dichosa, ya que nos hacía ponernos como tomates. ¡Y ni se te ocurriera traer alguna prenda roja el día de los enamorados!, porque entonces ya sí que confirmabas tu enamoramiento hacia Antonio, Jose o quien tocara ese año. Además, siempre estaban los guapos y guapas de clase que acaparaban los suspiros de sus otros compañeros y compañeras enamorados. Recuerdo también que todo esto era vivido con más intensidad por las niñas, los niños estaban más centrados en sus partidos de fútbol.

Las películas de Disney, las canciones pop, los cuentos, las conversaciones de los mayores, el tipo de relaciones que mantenemos las mamás y los papás, en fin…., exponen a las niñas y niños desde sus primeros años a los estereotipos propios del mito del amor romántico entre hombres y mujeres. Estereotipos basados, entre otras muchas cosas, en los mandatos de la belleza física femenina y en la dependencia emocional de las mujeres hacia el “amado” (si no me quiero, no valgo lo suficiente).

Y es que el amor romántico es un mito, lo que quiere decir que es algo construido, y que no tiene por qué ser la única forma de relación entre hombres y mujeres. Siempre he oído, desde pequeña, que la amistad entre hombres y mujeres no puede existir. Considero que es una creencia muy común en nuestro entorno social, pero no es cierta. Los papás y las mamás tenemos mucho que hacer para superar estos mitos, para mostrar a nuestros peques desde el principio la amistad entre hombres y mujeres, el compañerismo y la complicidad entre ambos sexos sin connotaciones amorosas ni sexuales.

Esto no implica negar la existencia del enamoramiento infantil, que existe. Y ante esto lo mejor es el respeto a los sentimientos de nuestras niñas y niñas, sin ridiculizarlos, ni en privado ni en público, pues forman parte de su intimidad, a la que también tienen derecho. Pero cuando la amistad entre niños y niñas no se vive más que desde el prisma de “ser novios”, entonces es cuando, desde mi opinión, los adultos debemos reflexionar e intervenir. Y esto es especialmente importante para las niñas: si queremos que éstas se relacionen en igualdad con los chicos, especialmente en la adolescencia, que se quieran a sí mismas, que no dejen en manos del otro su valía personal cuando inicien sus primeras relaciones amorosas y sexuales, podemos empezar ya desde la edad infantil a tratar el tema en serio.

Con respecto a la niña de 9 años mencionada antes, su enamoramiento podemos tratarlo en casa viéndolo como una oportunidad perfecta para la transmisión de valores, para seguir creciendo juntos en familia. Es importante no menospreciar el enamoramiento de esta niña, asumiéndolo y no negándoselo con frases que solemos repetir los adultos como “¡ah, eso son tonterías de niños!, ¡ya se te pasará, tú juega!, ¡con la de niños que vas a conocer, no es el único!…”. Ella tiene derecho a sentir lo que siente, solo que lo podríamos encauzar para que desarrolle nuevas actitudes, sobre todo de amistad desde la igualdad, de compartir, de ser consciente de las propias cualidades personales, etc.

Podríamos empezar por…
1. Enseñarle, con ejemplos reales, a aceptar lo que no nos gusta: cuando nuestra niña nos comunica su frustración porque su amigo no le corresponde “como novio”, al no querer jugar con ella siempre que lo desee o al decir que “él no se casa”.
Es muy importante hablar sobre la aceptación de las cosas cuando no son como queremos, centrando el tema en las relaciones de amistad. No todos los niños van a querer compartir su tiempo con ella cuando lo desee. Lo importante es poder jugar con otros compañeros y compañeras, incluso valorar el placer de jugar sola de vez en cuando. Se le puede mostrar ejemplos en los que ella misma ha rechazado jugar con algún otro niño o niña porque le apetecía hacer otra cosa en ese momento, o prefería estar con otras personas.

2. Ayudarle a ser consciente de las cosas positivas que ella tiene:¿qué perdería su “amigo-amado” si no tuviera su amistad? Si le damos ejemplos concretos, vividos realmente, sobre sus cualidades en las relaciones sociales, le ayudaremos mucho porque le estaremos sirviendo de espejo: “eres muy ingeniosa contando chistes”, “compartes tus juguetes generosamente”, “te inventas siempre juegos nuevos divertidos”, etc…

3. Animarle a compartir sus cualidades con otros niños y niñas: podríamos plantearnos la posibilidad de ampliar su círculo de amistades o aumentar las visitas y encuentros con otros niños. No se trata de dejar de lado su valiosa amistad con su amigo preferido, pero sí inclinarla a compartirse con otros y otras, diversificar en la medida de lo posibles sus experiencias sociales.

4. Cuidar nuestras conversaciones y expresiones: evitar encasillar a los niños y niñas que juegan juntos en relaciones románticas, aunque sea bromeando. Además, es muy común escuchar de los padres, incluso de algunos educadores, frases como “¿quién te gusta de tu clase?”, como si a la fuerza nuestros hijos tuvieran que enamorarse de alguien.
Recuerdo de pequeña que me gustaba mucho jugar en el recreo con mi amigo Dani a mojar tierra y jugar con el barro haciendo tartas. Cuando volvíamos a clase, algunas maestras en la puerta comentaban: ¡qué gracia, parecen novios!…”. Es una pena, porque eso hizo que sintiéramos vergüenza al estar juntos y finalmente abandonamos esa amistad.

5. Dar ejemplo y relacionarnos en igualdad con personas del sexo opuesto: si nos ponemos a pensar, a veces el círculo de amistades de nuestras niñas es una copia al nuestro, es decir, se relacionan con las hijas de las personas con las que nosotras, las madres, interactuamos en la fila del cole, en el parque, en las actividades extraescolares… Es muy común que las mamás interactúen más con otras mamás con niñas que con las que tienen niños, pues damos por hecho que nuestros peques no van a compartir tanto sin son de distinto sexo.

En la medida en que, desde la infancia, sobre todo a las niñas, se les facilite el desarrollo de la amistad con niños, desde la igualdad y el gusto por compartir juntos su niñez, se les facilitará la construcción de una autoestima sana y firme como futura joven y mujer frente a chicos y hombres.

Y para terminar, siempre prefiero insistir en el ejemplo que estemos dando nosotros, los padres, a este respecto. Podemos comenzar a revisar cómo son nuestras propias relaciones con el sexo opuesto: tú, mamá ¿te permites tener amigos, compañeros de trabajo, de deportes,…?, tú, papá, ¿te permites tener amigas, compañeras de trabajo, de deportes…?

Nuestros peques van reproduciendo nuestros comportamientos sociales. Es muy común ver en el parque grupos de papás y de mamás en bancos diferentes, hablando de temas diferentes, en mundos diferentes… ¡con la de cosas que hombres y mujeres podemos compartir!

En nuestras manos está cambiar esta tendencia, desde la educación de las próximas generaciones, sobre todo para ayudar a crecer a mujeres independientes y que se quieran a sí mismas, sin esperar el amor del otro.

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