“Tengo 13 años y soy mucho más que un cuerpo”

A veces me pregunto con cuánta frecuencia nos enfocamos en las cualidades positivas de nuestras hijas e hijos en sus valores, valores con los que afrontan los problemas y con los que se relacionan consigo mismos y con los demás.

En algunas ocasiones presencio la angustia de padres y madres superados por el bajo rendimiento escolar de sus niños y adolescentes, y centran sus energías y dinero para facilitarles todo lo que puedan en el estudio o para persuadirles y convencerles de lo importante que es un buen expediente escolar. A veces los hijos son, antes que nada, ”estudiantes” y para sus padres y madres pasan desapercibidos otros aspectos de su personalidad, o incluso otras habilidades y destrezas que la escuela no siempre contempla ni evalúa, pero que son incluso más determinantes para su desarrollo integral y para su desempeño en la vida. Y no digamos ya, cómo el tema escolar dificulta y empaña las relaciones padres-hijos, siendo estas relaciones tan decisivas para la construcción de personalidades sólidas y resilientes.

La sobrevaloración del expediente académico deja encubiertos otros aspectos de los hijos que deberían ser “regados” con más frecuencia y mimo por sus papás y mamás.

Para ilustrar esto, os describo el caso de una chica que nos da una gran lección sobre la importancia del interior por encima del aspecto externo:

No hace mucho recibí la llamada llena de angustia y preocupación de una buena amiga mía, madre de una hija de 13 años, a la que llamaremos Ana. Esta adolescente tenía acostumbrados a sus padres a unas excelentes calificaciones escolares.  Pero éstos recibieron la desagradable sorpresa en el primer trimestre del 1º curso de la ESO: un empeoramiento  brusco en sus  notas escolar, tal es así, que recibieron la demanda casi urgente de su tutora para tener una reunión, porque nadie daba crédito a lo que le había sucedido a esta buena estudiante. El caso es que entre padre, madre y tutora, atando cabos y analizando algunas informaciones y comportamientos de Ana, llegaron a la conclusión de que la causa del problema era que Ana está viviendo su primer enamoramiento. Pero lo más destacado de esta historia es cómo esta adolescente había afrontado su primer amor, por cierto, no correspondido. Y es que se vio en la tesitura de tener que competir por el amor de su chico con otra compañera a la que Ana consideraba mucho más agraciada físicamente que ella. Ante esta dificultad, Ana decidió cultivar día a día su amistad con este chico para estar cerca de él y conquistarlo. Tal es el esfuerzo que debió realizar por mantener esta amistad que descuidó otros aspectos de su vida, entre ellos, sus estudios. Esto fue confesado luego por la propia Ana a sus padres y seguidamente les prometió remontar sus estudios en el 2º trimestre, y les pidió que volvieran a confiar en ella. Un dato importante a tener en cuenta en esta historia es que su tutora destacó en la reunión el hecho de que Ana es una compañera excelente, la definió como buena amiga, mediadora en conflictos y que, además, es bien querida por sus compañeros de clase.

¿Qué hay en el fondo de todo esto que podría merecer la pena destacar?, ¿cómo esta historia podría ayudar a estos padres a seguir educando a Ana, a ayudarla a salir fortalecida de esta situación?, ¿qué pueden aprender ellos de su hija?, ¿qué les está comunicando esta experiencia?

El modo en que Ana afronta su enamoramiento me parece admirable y esperanzador teniendo en cuenta lo supremacía del aspectos físico en nuestra sociedad y, especialmente, entre nuestros adolescentes. Y es que Ana recurrió a sus recursos personales, antes que al cultivo de su propio físico. Es decir, las “armas” con las que ella afrontó, seguramente uno de sus primeros conflictos personales importantes, fueron su amistad, su apoyo, su cercanía, su confianza, su escucha, su contención, … hacia este chico, que parecer ser no era muy feliz y necesitaba apoyo y afecto. Ante esta competición con la otra chica, Ana se ha considera en desventaja en cuanto a sus atributos físicos, pero ha dado valor a su interior. Ha sacado de ella lo mejor que tiene y lo ha puesto al servicio de otra persona. Especialmente, uno de las fortalezas que Ana ha empleado para conquistar el corazón de este chico ha sido la tenacidad, la constancia, la perseverancia… en conseguir un objetivo, cualidades todas ella que ya empleaba en sus estudios y que empleará en cualquier otro conflicto que se le presente. Es importante que este esfuerzo de Ana no caiga en saco roto y comunicarle que, si no ha conseguido el ansiado amor de su chico, al menos, esto le tiene que servir de algo.

No sé si finalmente Ana consiguió enamorar a su compañero, y si el chico atormentado ha llegado a valorar lo que Ana le ha dado. Seguramente, si no ha sido así, Ana necesita que sus padres sí se lo valoren. En este conflicto doloroso para ella, me aventuro a suponer, sin miedo a equivocarme, que Ana necesita recibir de sus padres estos mensajes:

  1. Que su enfado por las bajas calificaciones se debe a que la consideran capaz de mejorar.
  2. Que le agradecen haberse sincerado con ellos y haber reconocido su error, y que por eso le darán una segunda oportunidad para volver a confiar en ella.
  3. Que están orgullosos de ella por cómo entiende la relación entre un chico y una chica, que debe ir más allá de lo físico y que es mejor apostar por lo que uno ES por dentro.
  4. Que esperan que ella siga cultivando la amistad con los demás y aportando a los demás lo mejor que ella tiene.
  5. Que ella es más que un cuerpo y así lo ha demostrado.
  6. Que sólo aquellos chicos que ella merece serán los que valoren sus cualidades personales.
  7. Que su chico enamorado posiblemente haya disfrutado de una amistad única. ¡Qué pena si no lo ha sabido vivir como un tesoro!

Los papás de Ana pueden sentirse orgullosos en la parte que a ellos les toca en todo esto. Porque seguramente el principal sentimiento de mi amiga en este caso habrá sido de fracaso y así me lo hizo saber. Sin embargo,

 Si Ana se esfuerza en enamorar desde lo que ella ES, ya desde los 13 años, no queda otra que contar esta historia para dar ejemplo a otras chicas y chicos adolescentes, y eso es un orgullo para toda madre y padre.

En cuanto a la recuperación de los exámenes… es otro asunto.

 

 

 

 

 

2 pensamientos sobre ““Tengo 13 años y soy mucho más que un cuerpo”

    1. pedagogiaparacrecer Autor

      Hola Carolina, pues sí, las respuestas que damos a los desafíos de nuestros hijos son siempre un riesgo, y vamos actuando por ensayo y error. Pero cada padre y madre puede encontrar una base en la que apoyarse en cada momento: por ejemplo, pensar en lo que la experiencia nos puede enseñar y lo que nuestros hijos nos pueden enseñar a nosotros mismos, puede ser uno de esas bases a aplicar en todos las situaciones.
      Un abrazo compañera.

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